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Gestionar emocionalmente la pandemia

Por 14 de julio de 2020 Sin Comentarios

Me preguntó una voz popular: “¿Hacia dónde voy en tiempos de pandemia? Me da miedo subir al transporte, me preocupa contagiarme en el trabajo, pero más miedo me da quedarme sin ingresos.” “¿Qué hago si mi jefe exige que me presente en el trabajo?”, preguntó otra persona. Un jefe replicó: “¿Qué hago si mis empleados no quieren venir a laborar?”

Antes de responder entendamos que la pandemia nos obliga a modificar nuestra conducta y sin embargo, cambiar es siempre una oportunidad para crecer.

Desde el punto de vista normativo, nuestro gobierno publicó recientemente un conjunto de lineamientos técnicos para el retorno a la nueva normalidad. De ellos quiero tocar el tema de la capacitación, porque en la medida en que las personas cambiemos determinados hábitos, es como podremos construir entornos laborales seguros y saludables.

Considere lo siguiente: cada trabajador que se reincorpora al centro de trabajo viene afectado por pérdidas, ansiedad, depresión, enojo o inclusive duelos. Esto da lugar a que coexistan en el mismo espacio laboral, personas convencidas de que debemos cuidarnos, personas con miedo a enfermarse y personas indiferentes o incrédulas respecto a la existencia de la enfermedad.

Es importante que los tomadores de decisiones de la empresa consideren la pertinencia de capacitar no sólo en lo técnico, sino también en lo humanístico, ya que no es suficiente que al trabajador se le expliquen las medidas que deberá seguir, sino todavía más, motivarlo para que cambie hábitos y hasta creencias que generan resistencia al cambio.

Sin ánimo de caer en recetas milagrosas, apuntemos algunas sugerencias para gestionar las emociones de quienes retornan al espacio laboral.

Hablemos claro sobre lo que sentimos y pensamos.

Conforme las empresas incorporen especialistas dedicados a escuchar y orientar a las personas, en un clima de privacidad y respeto, podemos atenuar el desajuste individual y colectivo en aras de crear entornos laborales favorables.

Reglas y consecuencias claras

Un trabajador indiferente, que desacredita las acciones en favor de proteger la salud, constituye un posible riesgo para él y para quienes conviven a su alrededor. En un caso extremo, puede convertirse en un motivo para que la empresa sea objeto de sanciones por incumplimiento de los lineamientos sanitarios establecidos, de ahí la importancia de marcar oportunamente las reglas y las posibles consecuencias por no cumplirlas.

Incorporación de hábitos diferentes

Analizando las variables que participan en el retorno a la nueva realidad, podemos afirmar que se requiere emprender un cambio de cultura organizacional dirigida a la incorporación de nuevos hábitos nutricionales, de convivencia y colaboración a distancia, de liderazgo y supervisión de equipos, hasta de reencuentro familiar, por citar algunos.

Mitigación de la discriminación

La crisis que vivimos somete a las personas a mayor presión al mismo tiempo en que les exige esforzarse más para encontrar formas que les permitan ajustarse a esta nueva realidad. Como consecuencia de esto, es fácil que se exacerben los ánimos y se tome a mal cualquier actitud distinta a la propia. La precepción de los problemas también puede distorsionarse producto del estado emocional que vivimos, de ahí la importancia de ofrecer mediación cuando surjan diferencias, pues se trata de unir esfuerzos para salir adelante, en vez de socavar lo que cada uno hace.

Por: Isaac Rubén Vilchis Contreras
Director de Instituto Joch Jaban