La automatización expone a los jóvenes a un mayor riesgo de pérdida de empleo que los trabajadores adultos; los más vulnerables son quienes cuentan sólo con formación técnica.

Los empleos de la generación joven de trabajadores que está ingresando al mercado laboral corren el mayor riesgo de ser automatizados, por lo que se deben implementar políticas públicas y esquemas educativos flexibles para hacer frente a las necesidades que esto implica, advirtió ayer la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Al presentar el informe Tendencias mundiales del empleo juvenil 2020, el organismo reconoció que los avances tecnológicos de la cuarta revolución industrial conllevan tanto oportunidades como retos para los jóvenes en el mercado laboral, uno de ellos es la automatización de tareas en diversas industrias.

Paradójicamente, destaca la OIT, a pesar de que entre la población joven hay entusiasmo por el uso de las nuevas tecnologías, también hay preocupación por la posibilidad de que sus empleos sean sustituidos por robots y por inteligencia artificial.

“En los países tanto desarrollados como en desarrollo preocupa en general que dichas tecnologías no conduzcan a la creación de empleos nuevos y mejor remunerados. Estos temores son comprensibles, ya que el riesgo de automatización de los trabajos es mayor entre los trabajadores jóvenes, que tienen más probabilidades de tener ocupaciones en las que pueda automatizarse un mayor porcentaje de actividades”, expresa el organismo.

Técnicos vs. profesionales

Los trabajos realizados por jóvenes con formación técnica son los que están en mayor riesgo. Al respecto, en el informe se detalla que las carreras técnicas tienden a quedar obsoletas con mayor rapidez, por lo que las autoridades educativas deben revisar y modernizar los programas de formación vocacional para adecuarlos a las demandas de la economía digital.

En tanto, explica, Sukti Dasgupta, Directora del Servicio de Políticas de Empleo y de Mercado de Trabajo de la OIT, los jóvenes con estudios superiores tienen menos probabilidades de que sus trabajos sean reemplazados por máquinas. El problema al que ellos se enfrentan, advierte, es que hay más personas con perfiles profesionales que los que el mercado laboral puede absorber, lo que ha provocado una reducción de los salarios ofertados.

“Al no crearse suficientes puestos de trabajo para esos jóvenes no se aprovecha debidamente la capacidad de millones de personas”, expone la especialista. Esta realidad, además, expone a este sector de la población a altas tasas de pobreza y a empleos de mala calidad, sin prestaciones laborales y seguridad social.

Participación laboral juvenil, a la baja.

Pese a que en la última década la población de entre 15 y 24 años de edad creció 30%, para llegar a ser un grupo de 1,300 millones de personas, su participación en la fuerza laboral se redujo 12.5%, pasando de 568 a 497 millones de jóvenes entre el 2009 y el 2019.

Y si bien esto se debe, en parte, a que hay más jóvenes inscritos en diversos programas educativos y esto mejorará el perfil de la fuerza laboral a la larga, también pone de relieve la falta de oportunidades para un gran parte de esta población, destaca la OIT. Esto porque se estima que hay 267 millones de jóvenes que no estudian ni trabajan, cifra que aumentará a 273 millones el próximo año.

“Demasiados jóvenes en todo el mundo se desvinculan de la enseñanza y del mercado de trabajo, lo que puede perjudicar a su futuro a largo plazo, y en última instancia, socavar el desarrollo socioeconómico de su país”, expresó Sangheon Lee, Director del Departamento de Política de Empleo de la OIT.

“Ahora bien, las causas por las que esos jóvenes llegan a ser ‘nini’ son sumamente variadas. El reto consistirá en armonizar el planteamiento flexible necesario para ofrecer a dichos jóvenes políticas y medidas adecuadas para que la situación cambie. Una solución única para todos no servirá de nada.”, concluye.

Con información de Factor Capital Humano. https://factorcapitalhumano.com/